domingo, 6 de julio de 2008

Fondart

Hoy me enteré tarde, de que Alfredo Castro ganó 109.477.640 pesos en el fondart línea bicentenario, y, para ser francos, me pareció una barbaridad. No el hecho de que gane, pues el fondo es para apoyar a los artistas, y claramente nadie puede discutir la calidad de artista que es Alfredo Castro. El punto es la cifra recibida. El monto más alto en teatro fue para Luis Dubó, con su proyecto “la gallina de los huevos de oro”, un poco más de 19 millones de pesos para una compañía como la trifulka que posee un lenguaje propio que debiera ser apoyado y fomentado. En la línea bicentenario, el monto más alto, aparte de lo recibido por la corporación cultural la memoria fue para la pontificia Universidad católica por su proyecto de un festival de opera. Les dieron a la universidad que cobra los aranceles más caros y censura la cultura la cifra de 39.998.252.

O sea que el fondo para Alfredo Castro quintuplica al ganado por Luis Dubó y casi triplica al ganado por la Pontificia.

Esto me hace pensar en como se está llevando a cabo la distribución de las platas para el arte en Chile, país de los amiguismos. La cifra ganada por Castro me parece una bofetada para todos aquellos creadores jóvenes y emergentes que ven truncadas sus posibilidades de desarrollo. Creadores que vieron rechazados sus proyectos este año. Me gustaría aclarar que no envíe ningún proyecto por lo que no hablo por la herida. También aclaro que muchas veces he estado involucrado en proyectos ganadores por lo que esto no es un alegato en contra del fondart, si no que, a la cifra en cuestión.
El punto es que escuché el rumor de que el proyecto del teatro “La memoria” fue rechazado, pero bastó una llamada de la ministra de cultura, amiga del creador, para que el proyecto fuera finalmente aprobado.
No voy a ceñirme a un rumor, más bien voy a referirme a la abultada cifra recibida por Castro y compañía.
109 millones es una cifra casi sideral para un centro cultural limitado que cobra por sus servicios los siguientes precios, matricula 50 mil pesos y una mensualidad de 180 mil pesos al mes, por dos clases a la semana. O sea, la clase cuesta entonces 18 mil pesos por alumno. Estos son los valores del seminario de dirección, por el de actuación son los mismos 50 mil pesos por la matricula y 150 mil al mes por las clases, por los mismos dos días. La clase en este caso vale 15 milpesos.
Claramente el teatro de la memoria no es una institución sin fines de lucro, es un negocio, como muchas otras empresas privadas que lucran con la educación en Chile. No podemos criticar a nadie por buscar una forma de ganarse la vida y crear empleo, de hecho el Fondart pretende ayudar a los artistas emergentes y consolidados a desarrollar con mayor facilidad su labor creadora. Pero debe llegar el momento en que estos artistas vuelen solos, y no continúen monopolizando una de las escasas fuentes que alimentan el complicado quehacer cultural.
Dicho lo anterior, la pregunta que me surge es la siguiente. ¿Es justo que se le asigne tal cifra a una institución que podría autofinanciarse? O, ¿no se le podría haber entregado una cifra menor y así favorecer otros proyectos?
La culpa no la tiene Alfredo Castro. En pedir no hay engaño. La culpa, o la responsabilidad de esta injusticia la tiene el ministerio de Educación, responsable de la asignación de fondos, y la ministra de Cultura, al no velar por una equitativa entrega de dinero. De ser cierto el rumor de la llamada, constituye una falta gravísima que debiera ser castigada. Me inclino a no creer tal versión, pero también suena en mi mente la frase de que si el río suena, es porque piedras trae. Conocida es la tendencia en nuestro país a favorecer a ciertos grupos y repartirse entre unos pocos las monedas del erario nacional. La concertación olvidó su origen, los gobernantes han dejado de lado el desarrollo de nuestra nación, para convertir los cargos y los fondos, concursos y presupuestos en cajas pagadoras de favores políticos. El nepotismo es la bandera de lucha de quienes hoy nos gobiernan.
Frescos están en la memoria los casi 60 millones de pesos que se ganó Héctor Noguera para construir su teatro camino. ¿Cómo devolvió Héctor Noguera a la comunidad el dinero recibido?
Esta clase de regalos hacen que uno sienta la rebeldía propia del resentido social, del paria que observa desde la vereda del frente como otros sacan provecho a sus redes y contactos, y debo admitir que la sensación no es agradable ni me engrandece. Pienso en aquellos quijotes que a pesar de estas injusticias seguirán luchando por su arte, seguirán perseverando en su quehacer, a pesar del dolor que significa no recibir recompensa por el trabajo realizado.
Señora ministra, de una vez por todas haga su trabajo bien. Apoye a los artistas que realmente lo necesitan. No a aquellos que pueden vivir de su trabajo al contar con contratos millonarios en televisión, o enseñando en universidades privadas. Apoye a los artistas como usted que deben vivir con sueldos miserables y sueños incumplidos por culpa de esta nefasta política de estado, que es la de favorecer siempre a los mismos.
Señora ministra, apoye a los escolares, manifieste su posición con pundonor, derogue el impuesto al libro, apoye a los guionistas en su lucha por sus derechos intelectuales. Transfórmese en la heroína que todos quieren que sea, y no en el títere de un gobierno cada vez más libre mercadista.

Señora ministra, que diría Víctor Jara hoy en día al ver su labor, que diría Neruda, Don Roberto Parada, actor como usted y cuyo hijo fue degollado por los gorilas del dictador? Que dirían los cientos de artistas perseguidos y torturados al ver en usted la prolongación de un sistema injusto y aberrante que impide el desarrollo de tanta gente talentosa? ¿Por qué aún no se manifiesta públicamente en contra de la detención de la documentalista Elena Varela?

Nosotros también tenemos la culpa al no ser firmes en nuestro descontento, también tenemos la culpa al aceptar este tipo de cosas. En este momento sólo me queda empuñar mi roja pluma y dirigirme a usted, y a todos quienes leen, para manifestar mi amargura. Y más temprano que tarde llegará el momento de reparar la indolencia en que usted a convertido su quehacer.

Señora ministra, si no es capaz de hacer su trabajo, entonces renuncie, y deje que otros más valientes que usted hagan su trabajo.